Enviados con lo esencial

Ayudemos a Manuel Mano Galarza

Enviados con lo esencial

2026-02-05 Envío misionero 0

Lectura del santo evangelio según san Marcos (6,7-13):

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.
Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa.»
Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.

Palabra del Señor.

Llamados a salir de nosotros mismos:

El Evangelio de hoy nos presenta a Jesús enviando a los Doce de dos en dos, con instrucciones sencillas y exigentes a la vez. No los envía como expertos ni como dueños de la verdad, sino como testigos. Les pide que salgan ligeros, sin seguridades excesivas, confiando más en la misión que en los recursos. Este envío no es una estrategia organizada desde un escritorio; es una invitación a caminar, a tocar puertas, a entrar en la vida real de la gente.

La pobreza que libera el corazón:

Jesús les pide que no lleven pan, ni alforja, ni dinero. No es desprecio por lo material, sino una enseñanza profunda: cuando uno se apoya demasiado en lo que tiene, corre el riesgo de olvidarse de para qué fue enviado. En la vida parroquial esto se vuelve muy concreto. A veces creemos que para servir hace falta tenerlo todo resuelto, cuando en realidad basta un corazón disponible, tiempo ofrecido con sencillez y la voluntad de estar presentes en el barrio, en la capilla, en la visita a un enfermo.

La autoridad que nace del servicio:

El Evangelio dice que Jesús les dio autoridad sobre los espíritus impuros. No se trata de poder para imponerse, sino de una autoridad que sana, que libera, que devuelve dignidad. En nuestras comunidades, esa autoridad se expresa cuando alguien acompaña sin juzgar, cuando escucha con paciencia, cuando ayuda a levantar a quien está caído. No hace ruido, pero transforma. Así actúa Jesús: sin espectáculo, tocando lo más hondo de la persona.

Permanecer donde se es acogido:

Jesús les dice que se queden en la casa donde los reciban. Hay una enseñanza muy humana en esto: aprender a valorar la hospitalidad, respetar los procesos, no andar saltando de un lugar a otro buscando reconocimiento. En la pastoral cotidiana, esto significa cuidar los vínculos, agradecer a quienes sostienen la comunidad con gestos sencillos, desde quien limpia el templo hasta quien prepara el café después de la reunión. Allí también se construye el Reino.

Cuando no hay acogida:

El gesto de sacudirse el polvo de los pies no es una condena, sino un acto de libertad. Jesús no obliga a nadie. Enseña a seguir adelante sin rencor, sin cargar con el rechazo como una herida permanente. En la vida comunitaria, no siempre todo sale bien: hay proyectos que no prosperan, servicios que no son valorados, palabras que no encuentran eco. El Evangelio invita a no quedarse atrapados ahí, sino a seguir caminando con paz.

Una misión que se vuelve cotidiana:

Los discípulos salen, predican, acompañan, sanan. No hacen nada extraordinario desde afuera, pero todo es nuevo desde dentro. Así también hoy, el envío continúa. Cada vez que alguien sirve en silencio, visita una casa, acompaña a un joven, sostiene una familia en dificultad, el Evangelio se hace carne. Jesús sigue enviando, y lo hace contando con nuestra fragilidad y nuestra fe sencilla.

Meditación Diaria: Hoy Jesús nos recuerda que la misión no comienza cuando creemos estar listos, sino cuando aceptamos salir con lo que somos. Nos envía tal como estamos, con nuestras limitaciones y nuestra disponibilidad. Nos pide confiar más en Él que en nuestras seguridades, y caminar junto a otros, nunca solos. En la vida diaria, esto se traduce en gestos simples: una palabra oportuna, una visita, una escucha sincera. El Evangelio crece cuando se vive con humildad y constancia, sin buscar aplausos. Jesús sigue actuando a través de quienes se atreven a salir de sí mismos y a servir con un corazón limpio. Hoy es un buen día para preguntarnos: ¿a quién me está enviando el Señor?, ¿qué paso sencillo puedo dar para que su amor llegue a alguien más?